Matrices sociales de la tecnología

En función de la bibliografía consignada para el Tema “Matrices sociales de la tecnología” de la Unidad 2 y del audiovisual Fifteen Millon Merits se propone que reflexiones sobre el vínculo entre tecnología y sociedad considerando los ítems abajo señalados. Se espera que compartas estas reflexiones en el entorno virtual del blog de la cátedra para ponerlas en común con el cuerpo docente y el resto de los alumnos.

1) A partir de la noción de matriz social de la técnica (Bookchin) y de la vinculación entre tecnología y política que Langdon Winner plantea ¿cómo podrías describir el paisaje socio-técnico que se plantea en la ficción (Fifteen Millon Merits) ¿Qué tipo de ser-con la tecnología (Mitcham) se puede establecer?

2) En el artículo “¿Tienen política los artefactos?” Winner señala que lo “…que nosotros llamamos “tecnologías” son los modos de ordenar nuestro mundo. Muchas invenciones y sistemas técnicos importantes en nuestra vida cotidiana conllevan la posibilidad de ordenar la vida humana de diversas maneras. Conscientemente o no, deliberada o inadvertidamente, las sociedades eligen estructuras para las tecnologías que influyen sobre cómo van a trabajar las personas, cómo se comunican, cómo viajan, cómo consumen… a lo largo de toda su vida” (Winner, 1985:6). Siguiendo esta premisa, ¿qué intenta plantear el futuro distópico de Fifteen Millon Merits en relación con las tecnologías de la información que utilizamos actualmente?

3) Langdon Winner describe dos formas de interpretar el vínculo entre los dispositivos tecnológicos y las formas de estructuración del poder y la autoridad en una sociedad. Señala y analiza dos dispositivos o sistemas técnicos que, en la actualidad, ejemplifiquen esas formas de vinculación.

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8 pensamientos en “Matrices sociales de la tecnología

  1. La pregunta que me hago después de ver el Capítulo Fifteen Million Merits es si lo que se está mostrando es uno (o varios) futuros posibles o ni más ni menos que un presente disfrazado. En ese sentido, el paisaje socio-técnico que se plantea es muy rico en relación a la propuesta de Bookchin en relación a cómo la matriz social va determinando la técnica. Si bien en el Capítulo por momentos se ve al personaje principal estar molesto o enojado por las situaciones que tiene que vivir frente a la pantalla, el ya está adaptado y ha encarnizado las “reglas” que tiene el sistema. En este caso se observa casi por decantación lo que Bookchin llama “técnicas autoritarias”, que tienen que ver con la abstracción, objetivación e intensificación del proceso laboral que le permita conseguir puntos para poder acceder a determinados “beneficios”. De esta forma, no sólo estaríamos frente a una matriz social autoritaria que vuelve autoritarias y punitivas a las tecnologías, sino ante una matriz social que además de ser autoritaria es divertida y complaciente de algunos deseos del sistema (o de los participantes). Además, hay una suerte de administración del tiempo, el espacio y a su vez la configuración corporal de los participantes que está determinada por lo que Bookchin llamaría “técnica institucional”. En este sentido, Winner nos aporta que las tecnologías “son los modos de ordenar nuestro mundo” y que por lo tanto, los artefactos tecnológicos tienen cualidades políticas. En este sentido, el sistema de Fifteen Million Merits está planteado de una forma tal que no sea posible el escape, por el contrario, la política inherentemente esclavizante, controladora, opresiva, automatizante y deshumanizante son la prueba de ello: o pedaleas para sobrevivir y continuar en la pseudo realidad virtual, o pedaleás para conseguir un ticket que te permita ser una estrella del sistema, pero en ningún momento se plantea la cuestión de salirse de él (a pesar de que el personaje principal vive una especie de “crisis”, esta se esfuma cuando se convierte en una estrella y “asciende” de nivel). Por esto, en términos de Mitcham el ser con la tecnología se hace visible desde el desasosiego romántico: el autor diría que si no tenemos los suficientes resguardos respecto de lo que puede producir la conjunción de ese impulso autocreativo en conexión con la naturaleza, esta relación puede devenir en una relación de esclavitud.
    En este punto me parece que el futuro distópico que intenta plantear Fifteen Million Merits tiene que ver con justamente la deshumanización de las personas, la (des)conexión total entre ellas, el vínculo tecnología-sociedad totalmente desequilibrado, el embotamiento y la dependencia esclavizante. En este caso, vuelvo a preguntarme si ese “futuro distópico” no es un presente exagerado…

    En relación a la cración de dispositivos tecnológicos creados para un fin político dado (tomando lo que Winner llama “tecnologías flexibles”, podemos señalar el Operativo Nacional de Evaluaciones recientemente organizado por el Ministerio de Educación de la Nación, con el objetivo de “brindar información válida y confiable sobre qué y cuánto aprenden los alumnos durante su paso por el sistema educativo”. La evaluación se hizo en las áreas de Matemática, Lengua, Ciencias Naturales y Ciencias Sociales. Los resultados de la misma le servirían (supuestamente) al Estado para “mejorar” la calidad educativa del país. Por otra parte, podríamos mencionar al nuevo sistema implementado por la AFA, denominado “AFA plus” con el fin de que no entren a los estadios de fútbol de nuestro país aquellas personas que tengan causas judiciales en curso, como esas tecnologías que Winner llama inherentemente políticas, ya que existen las determinadas condiciones históricas, sociales y políticas para que estas medidas puedan ser aplicadas bajo patrones institucionalizados de poder y autoridad.

    • Es justamente lo que comentaba en otra de las intervenciones. La ficción no habla tanto del futuro (cómo podría hacerlo, en todo caso) como del presente. Es un efecto de sentido, un mundo posible desde nuestro presente técnico. Interesantes los ejemplos que traes. MM.

  2. El desarrollo tecnológico que se puede ver en la historia responde a un modelo social determinado, que en el capítulo Fifteen Million Merits no está del todo “contextualizado”, pero deja entrever un sistema orwelliano de opresión, sin un Gran Hermano y sin un Partido, pero igual de coercitivo. Lo más interesante es que los personajes se desenvuelven en sus vidas diarias como autómatas, y nadie pareciera obligarlos, pero no tienen forma de escapar: la pantalla es el único destino posible.
    En este marco, y siguiendo a Bookchin, la matriz social determina el desarrollo tecnológico: en este caso, una matriz autoritaria que vuelve autoritarias a las tecnologías. Relacionado con esto, siguiendo a Winner y el carácter eminentemente político de las tecnologías de ese futuro distópico, todas coadyuvan a la esclavitud de las personas que viven en esa realidad virtual como sistema cerrado: se plantean dos modos -que se ramifican- posibles de habitar el sistema. Por un lado, las personas “pueden” (aunque en general no tienen otra opción) pasar su vida trabajando sobre la bicicleta, que genera la energía para alimentar a las tecnologías de ese universo virtual. Esto implica un sistema de “pago” mediante puntos, que son obtenidos por trabajo y descontados por alimentación o como castigo en ocasiones donde la persona se niega a hacer lo esperado/impuesto por el sistema. Por otro lado, las personas pueden intentar vivir haciendo otra cosa que el trabajo de pedalear: mediante la compra de un Golden ticket, acceden a un concurso de talentos. Si la suerte lo determina, pueden devenir en cantantes, bailarines, actrices porno…
    Además, las tecnologías construyen los cuerpos de una determinada manera, y también las prácticas: están obligados a mirar la pantalla (y sus contenidos) cuando el sistema así lo demande. Automáticamente y en cualquier momento, ella se enciende, y el cerrar los ojos se traduce en un sustancial descuento de puntos, necesarios para la vida diaria de estos personajes.
    El ser-con la tecnología que se puede establecer, ante todo, es totalmente acrítico: no hay un cuestionamiento que genere una ruptura real en el sistema, no hay posibilidad de salida, siempre se está adentro. La ficción como tal propone un ser-con la tecnología propio del desasosiego romántico: “Con los románticos, el deseo de la tecnología o mantiene sus cimientos en la Naturaleza, o es separado de toda determinación extra-humana. (…) Desde la perspectiva de la filosofía mecánica, la tecnología humana es una prolongación del orden mecánico; desde el punto de vista de la Naturphilosophie se convierte en una participación en la auto-expresión de la vida. Cuando es liberada de aquella creatividad orgánica, la tecnología se fundamenta únicamente en la voluntad de poder humana, pero reconocimiento sus consecuencias a menudo negativas; la condición humana adopta el rostro del pathos gótico”. En este sentido, este modo de ser con la tecnología plantea una ambigüedad característica, que la serie supera, convirtiendo este cuestionamiento en afirmación: Mitcham propone que la tecnología, para este tercer modo-de-ser-con ella, es una especie de impulso autocreativo conectado con la Naturaleza (o no) que, sin el cuidado necesario, puede ir demasiado lejos y tornarse una relación de esclavitud. En Fifteen Millon Merits, la naturaleza de esta relación está clarísima.

    Creemos que lo que la construcción de este futuro distópico, del modo en que está planteado, intenta decir que actualmente -descuido, deslumbramiento e intereses económicos mediante- avanzamos hacia una realidad virtual si no igual, al menos la mitad esclavizante que la de Fifteen Millon Merits. Porque en principio, lo más visible en el capítulo, es la imposibilidad de escaparle al sistema: ni siquiera existe la Naturaleza tal cual la conocemos, sino paisajes artificiales que la simulan. Entonces, el peligro está en la manipulación -de corte político, después de todo- que los artefactos ejercen sobre nuestras vidas: el problema no está en utilizar esas tecnologías, sino en cómo las utilizamos y con qué conciencia.

    Winner habla, por un lado, de tecnologías flexibles, dando el ejemplo del puente de Moses, entre otros; lo que tiene que ver con dispositivos tecnológicos creados para un fin político dado. En la actualidad, podemos pensar como ejemplo al Blackberry: un dispositivo tecnológico que, en principio, estuvo pensado para controlar a los empleados de las grandes empresas, que a través de su sistema de aviso de entrega y lectura de mensajes, impide cualquier tipo de excusa y propone una relación de esclavitud laboral constante. De hecho, blackberry (cereza negra) parece ser aquella pelota de hierro que se ataba a los pies de los esclavos.
    Por otro lado, Winner habla de tecnologías inherentemente políticas, que precisan de un determinado contexto político-social para su funcionamiento (ej: bomba atómica, energía nuclear, etc.). En ese sentido, podemos pensar en las pistolas de descarga eléctrica TASER, que hace unos años había adquirido el gobierno de Macri, en Capital Federal, para que usara la Policía Metropolitana como instrumento de represión, lo que de hecho infringe los Convenios Internacionales sobre Derechos Humanos y contra la Tortura a los que Argentina ha adscripto.

    • Es interesante la relación con el presente. Todo relato de ficción (incluso, y sobre todo, de ciencia ficción) nos habla tanto de un futuro posible como del presente. Es más sólo a partir de ciertas condiciones socio-históricas del presente es que el relato esgrime ese “futuro posible”. Muy buena reflexión. MM.

  3. Holaaa a todxs! acá dejo mis reflexiones 🙂
    Fifteen Millon Merits muestra una realidad en la cual la humanidad se vuelve presa de un sistema que como sugiere Bookchin carece de una matriz social en donde la tecnología esta revestida de un significado social, en donde se ha perdido la reflexividad y la ética que hace a sus límites. En la que lo técnico, lo virtual, el consumo se ponen por encima de la calidad de vida de las personas. Esta ficción muestra un mundo en donde los sujetos son productores de la tecnología que los esclaviza, un mundo en el cual las técnicas no poseen límites razonables sino que lo impregnan todo ofreciendo las experiencias humanas como paquetes listos para el consumo y una completa manipulación de las emociones -que son elegidas de antemano por un sistema virtual regido por leyes de mercado. Un sistema en el cual las tecnologías, el diseño y la implementación de éstas tienen como objetivo dominar a las personas y mantener un orden autoritario en la que sólo unos privilegiados tienen el poder o un (pseudo) poder.
    Resulta interesante ver cómo el acto de rebeldía, de hastío, de angustia, ese intento de fuga frente al sistema opresor es vuelto a encauzar, a captar por el mismo sistema para mantener la estabilidad del orden social. Lo humano, lo auténtico, lo realmente sentido es transformado en espectáculo, cerrando así el círculo vicioso.
    Siguiendo a Mitcham se puede decir que en la ficción se establece el tipo de ser-con la tecnología de ambigüedad o desasosiego romántico. El autor señala las siguientes características de esta época histórico-filosófica: la voluntad de tecnología es un acto creativo necesario pero que, sin embargo, tiende a sobrepasar sus justos límites; ésta posibilita una nueva libertad material pero aparta la fuerza afectiva necesaria para su ejercicio así como también crea riqueza y debilita los lazos sociales; prevalece la imaginación y la visión en detrimento de la razón y el conocimiento científico y, por último, los artefactos se caracterizan más por el progreso que por la estructura y son investidos por la idea de lo sublime (relacionado con el esfuerzo individual, indicado por la magnitud y la línea quebrada. Burke la define como “todo lo que es de alguna manera capaz de excitar las ideas de dolor y peligro, todo lo que es algún modo terrible, o que opera de una manera análoga al terror, es una fuente de lo sublime”). Para Mitcham es éste interés atractivo y repulsivo que se devela en lo sublime lo que expresa el carácter único de la forma de ser-con la tecnología romántica.

    2- El futuro distópico de esta serie muestra cómo las tecnologías y el acceso ilimitado de éstas, así como su avance –casi imparable- en lo más próximo de nuestras vidas transforman nuestras prácticas, la forma en la que nos comunicarnos, nuestras percepciones, nuestros modos de relacionarnos con los demás seres humanos, con nosotros mismos y con la naturaleza. De hecho, Fifteen Millon Merits no parece tan ficticio cuando muestra los efectos que producen tanto los reality shows -en donde se pone a jugar la esperanza de ser famosos y evitar la cotidianeidad a la que están condenados- y los videojuegos o las transmisiones audiovisuales –con contenidos violentos y degradantes- que tienen como propósito romper cualquier tipo de lazo social e instaurar un orden de dominio en el cual unos ejercen poder sobre otros.
    El capítulo plantea como en un sistema signado por el progreso tecnológico, los deseos son satisfechos mediante la proyección imaginaria que se realiza a través del consumo de los productos virtuales y como esto trae como consecuencia que las experiencias humanas se vuelvan alienadas, cosificadas y lo intangible se vuelva “real”.
    3- Winner expone dos modos de interpretar el vínculo entre los artefactos y las cualidades políticas:
    En primer lugar refiere a las características particulares del diseño y planificación de un instrumento o sistema técnico se convierten en un medio para un determinado fin social. Es decir que se proyecta para lograr determinado patrón de poder y orden. Así como pueden dar ejemplo de esto la construcción de autopistas, la bicisendas o las cabinas de peajes para controlar el acceso a las rutas o el derecho a transitarlas también es posible vislumbrar esta vinculación en las leyes o la importancia de estas en los efectos prácticos y en el ejercicio de la ciudadanía. Por ejemplo la creación del Sistema Argentino de Televisión Digital Terrestre que incluye inversiones en infraestructura así como desarrollo tecnológico para generar espacio a nuevos contenidos y voces.
    En segundo lugar, Winner expone lo que llama tecnologías inherentemente políticas, sistemas ideados que implican inevitablemente una serie de condiciones, de patrones institucionalizados de poder y autoridad; es decir determinadas relaciones sociales. Con respecto a esto se me ocurre la obligación de los docentes y auxiliares alumnos de la facultad de “marcar” su entrada a la institución a través del ingreso de su nombre de usuario y clave en las computadoras como modo de control del sistema.
    Otro ejemplo es la forma en la que operan las grandes corporaciones mundiales tales como Google en la uno debe firmar un contrato en donde acepta las condiciones del servicio y la política de privacidad para poder hacer uso de sus herramientas. También pienso que la inscripción al registro civil, el ser portador del DNI tiene que ver con ‘existir’ para el Estado, con poseer derechos y obligaciones lo que determina un orden al cual somos sujetos sin opción.

    • En realidad Bookchin plantearía que no se puede comprender el fenómeno técnico sin una vinculación con lo social. Más que la carencia de una matriz social, lo que habría es una matriz social “donde se ha perdido la reflexividad y la ética”. Es importante que hayas señalado esto porque a veces, en virtud de la omnipresencia de lo tecnológico y de la inherente mediación técnica de los fenomenos de comunicación social, tendemos a reproducir esta falta de reflexión sobre la técnica. Muy buena lectura! MM.

  4. Hola a todxs! Quería comentar que con mi grupo todavía no hemos intervenido porque, al igual que otrxs compañerxs, estamos con un parcial mañana. Pero: ¡lo haremos mañana por la tarde! Aviso porque quizás la idea era que se diera el debate más bien por este medio… de todos modos, seguramente lo podemos charlar en clase, o lo dejamos para el miércoles de la semana que viene?

    • Hola Rocío, sí, la idea era conversar en este entorno, aún cuando luego pueda retomarse el tema en clases. Cuando se liberen del otro compromiso esperamos la participación de uds. aquí. Saludos, Gustavo

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