Tecnología, sociedad y comunicación

Algunos argumentos sobre porqué estudiar el mundo técnico en el campo de la Comunicación, desde una perspectiva comunicacional.

La primera pregunta que uno debe hacerse al comenzar cualquier materia en la universidad es por su pertinencia. Esto supone una interrogación sobre el sentido de la misma en la formación, en este caso en el árido y vasto campo de la Comunicación.
Dicha pertinencia está avalada, de alguna forma, por la inclusión previa de la asignatura en el diseño curricular, aunque por lo general los estudiantes no fueron parte de ese proceso que los antecede  y por eso resulta apropiado explicitar estos fundamentos públicamente y (re)actualizarlos en forma periódica, ya que esto nos permite señalar decisiones tomadas, marcar el itinerario recorrido y los argumentos sobre porqué consideramos significativo estudiar los fenómenos técnicos de nuestra sociedad en el campo de la comunicación, o mejor aún: desde una perspectiva comunicacional.
Para responder a esta pregunta podríamos argumentar que los medios de comunicación masiva son medios técnicos, pero eso implicaría reducir el sentido de la comunicación a lo mediático y la concepción de «lo técnico» al artefacto o dispositivo . El argumento vale pero su alcance es restringido. El interrogante, sin embargo, admite otras respuestas.
Una de ellas se afirma en el orden de lo «instrumental». Aquí el estudio de la intersección de los campos de la tecnología y la comunicación adquiere un carácter «funcional». Se enseña y se aprende sobre tecnología porque es un «imperativo de nuestra sociedad actual», y se lo hace con el propósito de lograr el desarrollo de ciertas habilidades teórico-prácticas «del dominio del hacer», que se consideran elementales para el desempeño en el «mercado  profesional, del trabajo y del conocimiento».
Esta orientación de la articulación técnica, sociedad y comunicación es dominante y está presente en muchas de las curriculas de las carreras de Comunicación del país. Se trata de un enfoque que está enmarcado teórica y conceptualmente con la concepción instrumental, funcionalista y productivista de la comunicación, que se traduce en una apropiación acrítica de las tecnologías (y de lo que las rodea) y donde prevalece una «fascinación» con el mundo técnico, sus artefactos, dispositivos y aplicaciones.
Esta es la mirada de la tecnocracia académica y comunicacional, preocupada por el dominio exclusivo de «herramientas técnicas» y por introducir, en los procesos de comunicación, mediaciones tecnológicas que son portadoras de una noción predefinida de comunicación que, por lo general, busca colonizar al sujeto, en tanto «objeto de la comunicación», público objetivo sobre el que hay que «impactar» de alguna manera.
En este contexto se impone una noción restringida de lo técnico, ligado al artefacto y al dispositivo, descontextualizado de la trama que lo sostiene y lo hace funcionar como tal. La comunicación también aparece aquí en su versión reducida, como medio, o resulta funcional a la difusión y divulgación (generalmente acrítica) de las innovaciones sociotécnicas.
Esta mirada se nutre de una noción de tecnología, sociedad y comunicación donde el dominio de lo técnico se impone ante lo social y comunicacional.
Un enfoque distinto, y en consecuencia otra respuesta sobre porqué estudiar los fenómenos sociotécnicos en el campo de la comunicación, es aquel que desde una perspectiva sociocultural, ética e histórico-política interpone la «dimensión critica»; no como reparo (o si) sino como pregunta por el sentido que adquieren las innovaciones técnicas en nuestras sociedades. Aquí la comunicación, antes que instrumental, funcional y difusionista, es crítica y se propone como una perspectiva capaz de desentrañar el fenómeno cultural y simbólico del mundo técnico, con el propósito de desnaturalizarlo.
A diferencia del enfoque anterior, desde esta perspectiva la dimensión social tracciona a lo técnico y la comunicación se convierte en una «herramienta crítica» capaz de develar el sentido y las lógicas sobre las que se asienta el mundo técnico y, a su vez, se concibe como una dimensión capaz de construir un entramado sociotécnico diferente del instituido. Lo social, lo técnico y lo comunicacional se presentan como indisociables y por lo tanto un cambio en la mentalidad técnica requeriría inexorablemente de una transformación social donde tenga cabida otra idea de comunicación.
En esta triada conceptual hay una articulación relacional sobredeterminante y compleja, y no una determinación lineal y simplista de una de una dimensión sobre otra, como sí conciben la relación tecnología-sociedad el «determinismo social de la técnica» y el «determinismo tecnológico ingenuo».
Este enfoque, de raíces frankfurtianas y culturalistas, no prevalece en el contexto de las carreras de Comunicación Social en Argentina, pero tiene una tradición importante en la Universidad de Buenos Aires, que se expandió en otras universidades del país, entre ellas en la Universidad Nacional de Entre Ríos. Las contribuciones de Héctor Schmucler y Patricia Terrero son fundacionales en esta perspectiva, en el marco de la escuela latinoamericana de la Comunicación.
Retomando las contribuciones de este último enfoque, creemos que estudiar el fenómeno de la técnica en nuestras carreras de Comunicación tiene múltiples sentidos y justificaciones.
En primer lugar al hacerlo operamos autoreflexivamente sobre el campo de la comunicación mediatizada por la tecnología, que pareciera estar omnipresente en todos los órdenes de la vida. Estudiamos sobre tecnologías, entonces, porque la comunicación es una tecnología social y porque, además, se vale de medios técnicos.
Además, al situarnos dentro de la tradición crítica y cultural asumimos cierto inconformismo respecto de cómo se dio el curso del desarrollo del mundo técnico, e imaginamos que hay otros mundos posibles, con otras concepciones de técnica y comunicación, diferentes a las que hoy ocupan el lugar de la centralidad en el espacio social contemporáneo.
Pero además, evitando caer en el mero «denuncismo crítico» creemos que la Comunicación tiene una potencialidad diferencial respecto de otras disciplinas, sobre todo si la entendemos como una metaperspectiva con capacidad de articular distintos saberes y propiciar otra concepción técnica del mundo, diferente a la que se nos presenta.
Reconocemos en la comunicación una potencia técnica de transformación, no solo técnica, sino también social y comunicacional. Por esta razón, como sugerimos al principio, más que justificar el porqué del estudio de la tecnología en el campo de la Comunicación, importa –sobre todo-  que lo hagamos desde una perspectiva comunicacional. Este último es quizá el mayor desafío. Y hacerlo implica recurrir miradas a otras miradas que, de manera más o menos explícita, problematizan el mundo técnico, articulándolas desde la Comunicación con el propósito de ofrecer una mirada crítica sobre nuestra condición contemporánea y abrir un espectro de otras posibilidades.

Gustavo Pizzio, agosto de 2014